El miércoles 2 de mayo de 2012 ya forma parte de la extensa colección de fechas históricas del madridismo. En San Mamés, y de una manera autoritaria como ya consiguiera sus triunfos en Camp Nou, Sánchez Pizjuan, Mestalla, Vicente Calderón y otro largo etcétera de díficiles plazas, el Real Madrid consiguió obtener matemáticamente su 32ª liga al imponerse por un contundente 0-3 a los mejores leones de la historia. O al menos, a los mejores que un servidor recuerda haber visto.
Los blancos salieron desde el minuto 1 a lo campeón, a cerrar el partido cuanto antes mejor. La presión alta y asfixiante que tan buen resultado había dado durante una larga parte de la temporada (y que había desaparecido durante algún tiempo) volvió a hacer acto de presencia y, de esa manera, apareció el hombre talismán de las ligas blancas en los últimos años: Gonzalo Higuaín.
No podía ser otro el que abriera la lata con un contundente remate ajustado al palo derecho de la portería defendida por Iraizoz que hizo que millones de madridistas saltaran de júbilo y vieran el partido desde ese momento con una infinita tranquilidad al ver el dominio aplastante que ofrecían los suyos sobre el rival. 'Pipita', no te vayas. Tu tienes que darnos muchos más títulos vestido de blanco.
Cuatro minutos después, Özil, tras una gran contra finiquitada con un soberbio pase desde la banda por Cristiano Ronaldo, daba el 0-2 y producía que la mayoría de las casas merengues repartidas por España y el mundo empezaran a descorchar el champagne. Esta liga tenía ya dueño y no se escapaba. Así se llegó al descanso y en la segunda parte el Athletic apenas inquietó la meta defendida por Casillas. Y mucho menos después de que al comienzo de la misma CR7 consiguiera su gol número 44 en lo que va de campeonato para rubricar un 0-3 que a la postre sería definitivo.
El único "pero" que se puede poner a la victoria fue la pequeña tangana que se formó entre Javi Martínez y el crack portugués a la finalización del choque y que acabó con un corte de mangas que no gustó a nadie. En cualquier caso, errar es humano. Al oirse el pítido final, fiesta en el campo. Mourinho manteado y agasajado por sus hombres. Madridismo feliz.
Y nuestra diosa volvió a sonreir un día después. Cuando Casillas le pusó la bandera merengue al cuello y miles y miles de aficionados se dieron cita para brindar pleitesía a sus héroes en la mítica plaza madrileña. Estos soldados no olvidan ni lo bueno ni lo malo pasado. La prueba: la solemne promesa hecha por el capitán de que el año que viene volverían con la Décima Copa de Europa. Ojalá cumplan con su deuda.
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