Algo así me pasó a mi cuando, hace desde ayer 5 años, el 'Pipita' Higuain aterrizó en Madrid. Recuerdo aquella imagen de un chico joven, de 18 años recién cumplidos, con unos pelos rizados un tanto peculiares que venía como un absoluto desconocido. ¿Quien nos iba a decir que, 5 años después, ese chico al que nadie conocía iba a ser uno de los capitanes del Real Madrid y uno de los jugadores que mejor representa el ideal blanco de nunca rendirse, de nunca dar un partido por perdido?. Yo no hubiera dicho tanto por aquel entonces, pero si que pude intuir tras verlo en sus primeros partidos que aquel chico argentino no se arrugaba aunque fallara, que no paraba de correr, que se movía bien pero le faltaba tranquilidad y definición arriba. Tenía que mejorar, si. Pero tenía "algo".
Ese mismo año, se consiguió la liga que más he disfrutado como madridista: la famosa "Liga de las Remontadas" con Fabio Capello en el banquillo. La liga más sufrida. Una liga en la que nunca nos dimos por vencidos y en la que hubo premio al final. El día que nos pusimos líderes, a falta de 5 jornadas, tampoco se me olvidará:
Partido contra el Espanyol en el Bernabéu. El Madrid perdía 1-3 al descanso. El campeonato se escapaba irremediablemente y en casa. Los merengues consiguieron igualar a 3 la contienda en 10 minutos locos al comienzo del segundo periodo. Pero el cuarto gol se resistía. No llegaba. No nos quedaban ya uñas que comer.
Podría recordar más momentos de esa misma liga, o de otras, en las que aquel chico argentino nos sacó de apuros y nos hizo ganar. Pero, con la perspectiva que me ha dado el tiempo, sin duda ese fue el día en el que me hice del 'Pipita'. Y, a día de hoy, lo sigo siendo. Unas veces estará mejor, otras peor. Se irá haciendo viejo, vendrán otros delanteros, irá al banquillo... dará igual. Lo más importante, y lo que más valoro de Higuaín, es que nunca jamás se rinde y que seguirá peleando, ya sea por hacerse un hueco en el once titular o por derrotar al rival que tenga enfrente. Igual que el Real Madrid.