En tan solo 3 minutos, el 'Niño' Torres apartó cualquier duda que alguien pudiera tener sobre su titularidad. Abrió el camino con un gol marca de la casa que se coló por todo lo alto de la meta defendida por Given y quitó cualquier tipo de nervios que, algunos como yo, pudieramos tener de cara al partido de ayer.

Una auténtica exhibición fue lo que dió ayer España sobre el césped del Arena de Gdansk. Si bien es cierto que no se puede decir que el rival sea de los de más entidad de la Eurocopa, también lo es que jugando de esta manera da igual el contrincante que se tenga enfrente. Ayer volvió la España que conocemos, esa que apabulla al equipo que tiene enfrente, la que presiona hasta la extenuación y no deja sacar al adversario ni una sola vez el balón jugado, la que no concede ocasiones, la que mete buena parte de las que tiene. En definitiva: la selección que ha encumbrado el fútbol a la categoría de arte tanto en Austria y Suiza en 2008 como en Sudáfrica en 2010.
Al final, los siguientes goles cayeron por su propio peso en la segunda parte del choque. Silva marcó un auténtico golazo de clase y calidad a cámara lenta dejando dos caños a sendos rivales por el camino. Torres repitió tras un grandísimo pase de Silva y Cesc, alias "El falso 9", consiguió su segundo gol de esta Eurocopa después de sustituir precisamente al de Fuenlabrada. 4-0 y a otra cosa mariposa.
El debate del '9' ya queda atrás (al menos, de momento). Fernando Torres se ha ganado el derecho a que sigan apostando por él como delantero titular en el próximo partido frente a Croacia. El empate nos vale para pasar. Y si este fuera a dos o más goles frente a los paisanos del mítico Davor Suker daría la clasificación a ambas selecciones después de que Italia no pasará del empate a uno frente a ellos también en la jornada de ayer. En el horizonte ya vislumbramos los cuartos de final. ¡Que tiemblen! Hemos empezado a coger confianza.
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