Resulta que ayer el Barcelona consiguió un "malísimo" resultado (notesé las comillas y la ironía que reflejan estas) porque, según la prensa de Cataluña, el césped estaba en unas lamentables condiciones y la práctica del fútbol era poco menos que un pecado capital en dichas circunstancias. Algo que, en mi opinión, solo es una cortina de humo tejida por periodistas fanáticos (que igual que los hay en Madrid, los hay en Barcelona y en ambos bandos son igual de penosos profesionales) que, unidos a dos penaltis no pitados sobre Alexis y Messi, han encontrado su excusa del día para no valorar los aspectos futbolísticos que tanto les gusta resaltar cuando los vientos son favorables.
El césped de San Siro de ayer es exactamente el mismo en el que los culés consiguieron una sufrida victoria por 2-3 en esta misma edición de la Champions durante la liguilla. Por aquel entonces, obviamente, nadie se quejó ni nadie le insinuó al conjunto "rossonero" cuando y como tenía que cuidar su alfombra verde. Unos poquitos halagos por rueda de prensa para el rival, hoy no hablamos de los árbitros y el equipo ha estado impresionante. El discurso del club y de su entrenador cuando ganan.
Cuando se pierde (o se empata, como en este caso) resulta que los famosos "valors" de los que tanto se presume por Can Barça y con los que intentan dar lecciones de humildad (falsa humildad) al resto del mundo se esfuman. Se culpa al empedrado, se habla de los árbitros (de manera menos directa y más maquillada que lo hace Mourinho, eso si), se va a presionar a los asistentes en la banda y hasta se permiten decirle a los contrarios en que condiciones tiene que estar su césped y cuando deben regarlo para que el Barcelona pueda desplegar su maravilloso sistema táctico y su filosofía de juego. Todo esto para luego permitirse el lujo de llamar a los rivales "llorones" y decirles "que no saben perder" cuando hacen exactamente lo mismo que ellos en similares circunstancias.
Al final, todos son iguales. Mourinho y Pep. Casillas y Valdés. Alves y Pepe. Cada uno en su estilo (falso o directo y sin tapujos). Pero iguales al fin y al cabo cuando las cosas no salen como ellos querrían. En definitiva, a nadie le gusta perder.
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